El Tejero de VezdemarbánVezdemarbán
Este oficio ha pasado a la historia como el artesano del Barro. Los tiempos han cambiado y el tejar artesano no tiene cabida en la sociedad, casi ni en nuestras mentes. Los procedimientos modernos han barrido lo artesanal. Nuestro homenaje a esta figura por el papel básico que desempeñaron en su época.
Descripción

De profesión Tejero.
El tejero realizaba en su tarea la elaboración de tejas, piezas de barro cocido de forma acanalada que se vendían para cubrir los tejados de las casas y permitía escurrir el agua de la lluvia. En la misma linea, este artesano también elaboraba ladrillos, adobes y otros tipos de piezas especialmente utilizados en la construcción de casas.
De hecho, en los cincuenta en Vezdemarbán existían dos tejares, el de Dalmacio, que ayudado por sus hijos ejercía una amplia actividad y el otro no menos importante, pertenecía a Bernardo Alonso. Hace años que se cerró la puerta del último tejar que pertenecía a los descendientes de Bernardo. Su hijo Salustiano Alonso Coca fue el último artesano del barro, que ayudado por su hermana Felisa, elaboraron las últimas piezas que salieron del horno.
Ubicación del último tejar de Vezdemarbán.
Se encuentra ubicado a las afueras de la población, donde comienza la carretera hacia Belver de los Montes, esquina con calle la Plata, al lado del parque que lleva su nombre (El tejar). La entrada principal se encuentra por la calle la plata, en donde se encuentra el solar en el cual, se colocaban las piezas para que se secaran al sol. En el otro extremo se encuentra el horno, de los denominados de tipo céltico, cilíndrico y adosado a él, la casilla o almacén para guardar los productos
Materia Prima.
- Arcilla de varios tipos; mezclándolas entre sí. Para las tejas se emplean más cantidad de tipo «greda» que tiene un color más gris; para los ladrillos se empleaba más arcilla ferruginosa de un color mas amarillento, ambas se recogían de un lugar cercano al tejar. A partir del mes de noviembre se cavaba la tierra con la azada, a fin de que las lluvias, hielos y sol la «curtiera». También se extiende en cerros para que seque al sol. La arcilla de greda necesita ser machacada con el mazo antes de remojarla; en cambio, la arcilla ferruginosa no.
- El agua, utilizada para el remojado de las tierras y en el «corte» de las tejas, pues el rasero se mantiene en la pileta de agua de la mesa de «cortar»; también sirve para limpiar de barro sobrante «hormas» y «argadillas».
- La ceniza, obtenida en la cocción de años anteriores, se necesita para impedir que el barro se pegue a la mesa, permitiendo que la teja resbale hasta colocarla sobre el «galápago».
- La piedra caliza, de gran utilidad en la cocción para cerrar los orificios que hay en el piso del horno. Una vez se retiraba las tejas y ladrillos del horno se obtiene de estas rocas calizas calcinadas a temperatura entre 900 y 1200 °C, durante días, una excelente cal viva. Se vendía para pintar (encalar) muros y fachadas de los edificios construidos con adobes o tapial.
- Combustible para alimentar el horno. Antiguamente empleaban en la cocción exclusivamente paja trillada de cereal y algún manojo de vides; de estos últimos, pocos, pues el pueblo no ha tenido mucho viñedo. En los últimos años se alimentaba el horno con leña de pino.
Herramientas.
- Mesa rectangular de madera sobre la que se moldean las tejas, ladrillos, etc.
- Argadilla o molde de hierro o madera de forma trapezoidal con el que se da forma plana a la teja, colocado éste sobre la mesa de trabajo.
- Rasero que se pasa sobre la argadilla, con el fin de alisar la superficie.
- Galápago o molde curvo, de madera, sobre el que se coloca el barro para conseguir la forma curva de la teja árabe.
- Rasero que se pasa sobre la argadilla, con el fin de alisar la superficie.
- Hormas o moldes de madera de varios tamaños para hacer ladrillos de diversas medidas, baldosas de diversos grosores y para piezas especiales. Con asas.
- El «varal», que no es más que un hierro alargado para mover las brasas del horno.
- Útiles de albañilería les sirven para tapar la boca del horno.
Productos.
Tejas comunes, tejas maestras, similares a las otras pero de mayores dimensiones. Ladrillos rectangulares y trapezoidales para chimeneas y pozos. En menos cantidades, baldosas para el suelo, hornos de pan, glorias domésticas y adobes.
Proceso de fabricación.
No se va a detallar con precisión, ya que es conocido de todos al ser muy similar a cualquier proceso realizado con el barro. La materia prima es la arcilla (barro) que se encontraba cercana al recinto. El barro se sacaba a pico y pala, se encontraba en filones, por lo que había que buscar hasta encontrar la capa de arcilla buena, con vetas de todos los colores y después se dejaba orear al sol. Se cargaba al carro el material que se pensaba gastar en el día y se descargaba en la pila, donde se amasaba con agua, lo que se realizaba generalmente pisándolo con los propios pies.
Una vez pisado y el barro cogía su temple, queda preparado para ser trabajado, se iba llevando a la zona exterior en una carretilla con rueda de madera de roble, lo basculaba por delante, junto a la mesa, en los barreros, de donde más tarde se irán cogiendo las pellas de barro para depositarlas sobre la mesa. El tejero, de pie, espolvoreaba en la mesa un poco de arena fina o ceniza, previamente acribada, para que no se pegara la masa de barro. Cogía con las dos manos un mazacote de barro y lo aplastaba sobre el molde. Aquí reciben la forma plana gracias a la gredilla y rasero, de donde se pasa al «galápago» o «formal» para recibir la forma curva y sobre éste, le pasaba la mano libre, mojada en agua por arriba, para afinarla y con sumo cuidado se va despegando poco a poco en el suelo, en sentido horizontal, pegando ligeramente los extremos con el fin de mantener la forma curva y evitar el exceso de peso, para su secado al sol (oreo). Así, pieza a pieza, hasta terminar el barro de la pila. Una vez secas al sol, al cabo de unas 24 horas dependiendo siempre del tiempo, se colocaban una sobre otra apoyadas entre sí, en sentido vertical para que sequen antes. Una vez secas se almacenan en el interior.
Proceso semejante requiere el ladrillo. Cuando se cortan con ceniza se colocan sobre una tabla para llevarlos hasta el tendedero (solar). El ladrillo necesita dos días para su oreado y después se coloca igual que las tejas en vertical por parejas para adelantar su secado.
Cuando había suficientes piezas de tejas y ladrillos para una hornada (20.000 aprox.) se pasaban al horno. De 12.000 a 13.000 tejas, en cuatro filas y unos 50.000 ladrillos en diez filas. En los tejares, en general, había solo un horno, con unas paredes anchísimas, más de un metro, revocadas por dentro con una capa de barro para evitar la pérdida de calor.
La cocción.
Esta fase del proceso es la más importante, se tiene que lograr una adecuada cocción, de ella depende la calidad del producto final. La colocación de las piezas en el horno es considerada como una de las más importantes para el resultado final. Primero se colocan las piedras calizas, después las filas de ladrillos y en la parte final las tejas. Ahora se cierra el «servidero» con adobes y barro. Se mete la leña en la zona del horno llamado caldera y se deja preparado para el día siguiente; al amanecer ya se puede encender, dando comienzo la cocción. A partir de este momento se estará pendiente de que el fuego siempre este activo y no se apague durante un día y medió.
Cuando los tejeros, por su pericia, pensaban que las tejas ya estaban cocidas (unas 30 horas), se tapaba el horno por encima con una capa de sal, una capa de grana de urce y una capa de tierra mojada. Todo ello bien pisado, para que el horno quedase completamente hermético y no perdiera calorías. La puerta (boca) quedaría sellada por ladrillos y una capa de barro, de este modo el horno llegará a alcanzar 1000ºC o 1200 ºC.
Hay que conservar el calor durante ocho días, procurando que no saliese humo por ningún sitio, al cabo de los cuales se quitaba el barro de arriba y se abrían las puertas para sacar la mercancía y depositarlas en la casilla o almacén contiguo. En esta tarea se empleaba trapos para proteger las manos del calor que soltaba las tejas y ladrillos.
La elaboración de baldosas es muy similar al de las tejas y ladrillos. También difiere el modelado del producto al realizarse la teja sobre la mesa, y la baldosa en el suelo. Por último, cuando estos productos se encuentran a medio secar, se echa agua por la cara superior y se pasa el rasero para conseguir un cierto brillo y finura.
Aspectos económicos.
El oficio de tejero, trabajo duro, practicado indistintamente por hombres y mujeres es, como la mayoría de los oficios artesanos, de escaso rendimiento económico, comentando a menudo estos trabajadores que “con esto nadie se hace rico”; motivo que, sin duda, ha contribuido a la desaparición de actividades de tipo artesanal.






