OFICIOS TRADICIONALES

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EL HERRADOR

 
Persona que se dedica a poner herraduras en las pezuñas a las mulas, caballos y burros. Este oficio tuvo gran importancia en toda España y mayormente en las zonas rurales.
 
La profesión de herrador ha desaparecido casi en su totalidad debido a la mecanización del campo y por consiguiente, la desaparición de las bestias de carga (mulas, asnos, etc.).
 
Los herradores se encargan de calzar a los animales de caballería, tiro y carga, adaptándoles herraduras en cada una de las pezuñas para protegerlos de los posibles accidentes contra el suelo. Un animal con salud en sus patas es un animal que puede desempeñar mejor su trabajo.
 
De aquellos profesionales desaparecidos herradores de nuestro pueblo recordamos, entre otros, a “Los Mancebos “.
 
El último de nuestros herradores, bien conocido por todos, Valentín Calvo Folguera, que esforzando su  ya cansada memoria, nos revela su experiencia en su larga trayectoria profesional como herrador en vezdemarban.
 
 
El herrador en acción
 
Nos explica que tenían que tener mucho tacto y paciencia al tratar con las bestias para que se dejaran herrar con facilidad; sin embargo, a veces solía utilizar métodos menos refinados cuando se trataba de animales jóvenes, nerviosos e inquietos que se herraban por primera vez, siendo los más difíciles de herrar porque sacudían con las patas traseras coces mortales. Para conseguir herrar a estos animales empleaba primero los halagos, pasando con cariño la mano por el lomo, cuello o cabeza del animal, con palmaditas suaves; pero, si ello no bastaba los trababa de las patas delanteras cruzando una soga o traba a una pata trasera; aunque para inmovilizar al animal le gustaba más utilizar la cuerda patalonga, atada a la cola y pasarla dándole unas vueltas a la pata trasera que se quedaba acodillada; así conseguía herrar con mayor seguridad. Si, a pesar de todo, las bestias más indómitas seguían resistiéndose, les quedaba un recurso infalible para doblegarlas, que consistía en aprisionar el labio superior del animal entre dos estriados palos llamados acial o torcedor a la oreja, operación que tenía siempre resultados positivos. Estos animales eran doblegados más y más, a medida que la cuerda del acial era más apretada.
 
Los materiales y herramientas que empleaba para herrar a las bestias son: las herraduras, los clavos, la bigornia, el martillo para modelar las herraduras, el martillejo para clavar, la tenaza cortante para recortar los cascos de las bestias, el gavilán, el pujavante para allanar los cascos, la cuchilla para recortar el casco una vez acopladas , tenaza para cortar el saliente de los clavos y remacharlos, la escofina para limar el recortado casco y, finalmente, el acial para domesticar a los animales inquietos e indómitos.
 
Valentín Calvo (herrador)
 
 
Valentín Calvo nos comenta que existían tres maneras de herrar a las bestias, según la actividad que realizaran los animales. En el pueblo existían animales para las labores del campo, para la carretera y caballería para montar; los animales pisaban sobre suelos diferentes, esta circunstancia era la que llevaba a Valentín a decidir la técnica más favorable para el animal. Además cada animal, al igual que un humano, tiene una forma particular de andar y pisa de una forma diferente. «Lo herramos precisamente para aplomarlo (para que las patas conserven su verticalidad) para corregir todos los defectos que pueda tener».
 
Lo primero antes de herrar el animal era verlo andar, para ver su aplomo y su pisada. Después se ataba el ramal a la argolla de la pared para inmovilizarlo y el propietario cogía con las dos manos la pata de la bestia para obligarle a que la doblara, la asentaba sobre una de sus piernas, (era normal que el dueño echase una mano) y así quedar el casco hacia arriba. Una lo hemos observado, se le quita la herradura y se procede a limpiarlo de impurezas que haya cogido el animal en su día a día, ya sea polvo, tierra, pajas o excrementos. También se le limpiaba la ranilla (parte blanda y flexible situada entre los talones) y la palma, con el fin de que pise con el sauco; es decir, con la parte exterior del casco.
Después se corta con la tenaza o el pujavante intentando buscar un aplomo perfecto, limando con la escofina, para dejar el casco totalmente plano, para que el animal  apoye bien y el herraje sea duradero.
 
Tras esta especie de pedicura, hay que preocuparse de la herradura en sí. Después se busca la herradura que se corresponda con el tamaño del casco y se moldea en el yunque para que pueda ajustarse así a la perfección al caballo, mula o asno.
 
A continuación y una vez lijado el casco para redondear los cantos (si el herrador lo cree conveniente), llega el momento de fijársela al animal. Para ello se suelen utilizar seis u siete clavos, que deben ponerse en una línea blanca, (sauco) que no está pegada al borde, sino un poco más adentro. Cuando se clava debe hacerse en el sitio exacto, porque si se hace muy hacia fuera se rompe la tapa y si se hace muy hacia dentro se puede causar una cojera al animal.
 
La duración de un herraje es de unos 50 ó 60 días, ya que pasado ese plazo de tiempo, hay que arreglarlo, porque el casco le crece y pierde el aplomo por lo que hay que corregírselo. Sin embargo, la duración de una herradura, es mayor, como nos explica Valentín. «La herradura puede volver a usarse si está en buen estado, pues en el herraje sólo se ha corregido el aplomo, es un poco como las uñas de los pies, no hace falta cambiar el zapato».
 
El cambio de herradura depende por tanto de lo que trabaje el animal y del terreno por el que lo haga. Un animal que esté habitualmente por calles, carreteras y por el campo, gastará mucho más su herradura que aquel que habitualmente se mueva solo por el campo.
 
 
Herrador en acción2
Oficio tradicional herrador
Herramientas del herrador
Quitando la herradura Adaptando la herradura utensilios y herramientas
 
Comentario
En el pueblo debido a la gran cantidad de animales de carga y de tiro (mulas, machos, caballos y asnos), siempre existió la figura del Herrador. En muchas casas de Vezdemarbán se pueden ver las argollas clavadas en la pared, donde se ataban las bestias para herrarlas. En la actualidad no tenemos en el municipio ningún emprendedor de este oficio.
Este oficio en España permanecerá gracias al aumento del número de caballos para el ocio y el deporte, pero sobre todo de su calidad, ha generado una demanda de buenos herradores que puedan mantener los cascos del caballo en un estado óptimo  desde su nacimiento hasta el final de su carrera deportiva.
Gracias Valentín; agradecemos tu colaboración y aportación desinteresada en este trabajo que hemos realizado, para que pueda quedar constancia de este oficio artesano de un gran valor para la cultura tradicional del pueblo.